El período del Bayón, con sus caras imponentes e ideales compasivos, refleja una civilización en su cenit espiritual y artístico.
Habla de una visión en la que el gobernante no solo era un soberano sino un sirviente del bienestar del pueblo, donde la religión nutrió tanto a la élite como a la gente común, y donde el arte sirvió para elevar el alma.