El parinirvana del Buda en 543 a. C. no fue un final, sino un comienzo atemporal.
Aunque dejó el mundo físico, sus enseñanzas continúan despertando corazones y mentes.
Su vida nos mostró cómo vivir con compasión, su iluminación reveló el camino hacia la liberación, y su parinirvana mostró que La paz perfecta es posible.