Los templos de Shiva eran mucho más que lugares de culto en el sudeste asiático: eran instituciones fundacionales que facilitaron el crecimiento y la adaptación del hinduismo en un vasto terreno cultural.
A través de su simbolismo espiritual, significado real y asimilación cultural, permitieron que el hinduismo se convirtiera en una parte vibrante e integrada del patrimonio religioso del sudeste asiático, dejando un legado visible en el arte, la arquitectura y las tradiciones espirituales de la región hasta el día de hoy.